sábado, 27 de febrero de 2016

Resumen

Villanueva (2003) distingue cuatro etapas diferentes de avance en la incorporación de las TIC a la educación: a) la etapa emergente, cuando se ha tomado conciencia de los beneficios de las TIC en la educación; b) la etapa de aplicación, cuando las autoridades
educacionales comienzan a realizar proyectos piloto en escuelas seleccionadas; c) la etapa de integración, cuando las escuelas cuentan con recursos tecnológicos, se han instalado procesos de capacitación de los docentes y se ha integrado el uso de las TIC en el currículum, y d) la etapa de transformación, cuando las escuelas han incorporado las TIC de manera sistemática e integral en el proceso de enseñanza/aprendizaje y en la organización de la tarea docente.
El primer desafío se refiere al acceso y, específicamente, a la ampliación del acceso. Mediante esta categoría se intentan abordar, por una parte, cuestiones relativas a los recursos tecnológicos disponibles en los establecimientos educacionales para estudiantes y profesores. Por otra parte, cuestiones asociadas a la «densidad informática» (esto es, la tasa de estudiantes por computador), que es un factor que condiciona el «uso efectivo» que estudiantes y alumnos pueden hacer de las TIC.
Un segundo desafío se refiere a la capacitación de los docentes y, en particular, a las estrategias desplegadas por los programas públicos de informática educativa, incluyendo el tipo de capacitación y su alcance. Si la instalación de una infraestructura tecnológica no es el objetivo final del proceso de informatización del sistema escolar, sino la base que hace posible la integración de las TIC en las prácticas pedagógicas, entonces, no se trata solo de instalar la tecnología en las escuelas y esperar que, «mágicamente», esta sea utilizada por los docentes para propósitos pedagógicos, aunque sea de forma limitada. Más bien, la cuestión central para el éxito de los proyectos de informatización de las escuelas y, por tanto, para obtener mejoramientos en la calidad de los procesos de enseñanza radica en la capacitación de los profesores en el uso de las tecnologías de manera que ellos puedan integrarlas en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
El tercer desafío se vincula a la integración de las TIC en el currículum. Todos los contenidos curriculares son susceptibles de ser apoyados por el uso de tecnologías digitales. Sin embargo, esto no equivale a decir que todos los contenidos estén siendo igualmente apoyados, o que aquellos que han sido trabajados hayan logrado el nivel de apoyo necesario para transformar cualitativamente los niveles de comprensión de los estudiantes. Esto depende mucho de la mediación pedagógica de los educadores, de sus propios conocimientos y formas de gestionar el aprendizaje de los estudiantes a través de los recursos disponibles en su centro educativo y su comunidad. También depende de la producción y disponibilidad de recursos informáticos (software, aplicaciones creativas, guías, fichas metodológicas) como material de apoyo a los profesores, y de las opciones estratégicas de los programas de informática educativa.
Por último, un cuarto desafío se refiere a la incorporación de las TIC en los procesos de enseñanza/aprendizaje. Los programas públicos de informática educativa han realizado grandes esfuerzos para capacitar a los docentes y producir recursos digitales que permitan la integración de las TIC en el currículum.
Miguel Ángel Cázares García

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